Wednesday, June 04, 2008

Un obseso
es alguien que no cree en mi infinito.
¿Acaso no es su obsesión
la que lo lleva
a descreer de lo obvio?
Ceguera:
que el perro sea el rengo
y el dueño el que renguea.
.
Ignorar el artificio que te trajo hasta aquí.
¿Viniste a ver el qué? Yuyos, pastizales.
¡Esto es la maleza!
.
Si tus tijeras están al servicio del inocente,
podes entonces pasar acá la noche.
Mi cabeza sobre las ortigas,
que las pesadillas no me elijan.
Acecho.
¿Podrás acechar conmigo?
.
Junté un par de acechantes.
No en un día.
A lo largo de los años.
Los criaba
y los empujaba al espacio.
Siempre volvían.
Los tiraba
en donde hubiera acantilado.
Pero el acechante
antes de perder o de evadir
devora.
O se llena de caprichos.
O como es debido,
vence.
.
¿Estamos afilados?
Es lo que necesito de ambos.
Y saber dónde cortar.
Y que sepas qué se siente
para que puedas elegir cómo y cuándo.
.
El problema de la imaginación
es cuando es la mía.
El problema de la imaginación
es su ecosistema.
.
Como acabo de decir,
no hay virtud que no puedas tener.
No hay elemento
que no pueda transformarte en benigno.
Todo es cuestión de redefinir algunas cosas.
.
Por el caminito de escombros llegabas tú,
que eras vos.

.
(Mostrame un perfil indiferente
y te trazaré con cruces
de prohibido volver.)
.
De tu palma,
las migas que puedo lamer,
que se parezcan a estrellas.
Y que esto no quiera decir nunca
que me has confundido con tu perro.
Y que cuando salga
con el collar al cuello,
seas vos el que mueva la cola.
Todos contentos.
.
La noche se va espesando
y yo sé que viniste por algo.
Lo supone
este regimiento de desconciertos
que me invita a redefinirlo todo.
.
Los dos.
Los dos listos para la poda.
Es lo único que entiendo.