Wednesday, May 21, 2008

No poder llorar.
No tener el estómago ahí.
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No me den la opción de la carreta
con los muertos de otro.
La llevaba para comprender.
Ahí tienen a mi padre por ejemplo.
Lo lleva alguien que cree
que no es siniestro robarse a un muerto.
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Abrazo mi bolsita de jardín de infantes.
Los caramelos que me llevo ahora a la boca
tienen un gusto ácido
que ya no participa de mi contento.
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Hago escándalo.
Es éste el escándalo que puedo.
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Una mujer ríe y me acerca un ladrillo.
Piensa que tengo habilidad de construir.
O es la tapa que elige para mi cabeza.
Ahí. Abajo del ladrillo.
Nunca abrir la tapa.
Fácil resolución para un problema
de múltiples filosas puntas.
.
Estamos todos quietos en el salón de baile.
Actuamos cómo si estuviéramos escondidos.
En silencio.
Cada uno imagina el baile del otro
porque no alcanza para imaginar el propio.
Varios tropiezan y se rompen la nariz.
Una mujer abre muy grande sus ojos.
No quiere dejarnos tan solos.
Nos ayuda: Quiere que imaginemos:
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está atragantada está gemida está sujeta a sus padres está trozada por su amante está cansada está más vieja que el día de su muerte.
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Abre los ojos.
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Yo quisiera imaginarla con un vestido de hada.
O dejarla embarazada y sonriendo.
Pero así son las cosas.
Esto de imaginar no es azaroso.
Existen las reglas.
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Esa mujer no tendrá nunca nada
que no se haya puesto otro tres veces antes.
Dan ganas de donarla.
Dársela a alguien
que pueda perderla
entre los demás objetos incomprensibles
de su casa.
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Que no te incomode nunca esa mujer.
.
Un ladrillo.
El seno roto el cerebro plano la mujer que abre los ojos para que alguien imagine
a la hora en que imaginar
es el único escándalo posible.
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