Wednesday, April 16, 2008

Después de leer "La mujer del Zorrito" de Violette Leduc, y "La metamorfosis" de Kafka, terminé de leer: "Milagro de la rosa" de Jean Genet:

una sola frase puede traducir mi tristeza: es la que se escribe siempre al final de la visita de un príncipe al lugar de sus antiguos amores o a los lugares de su gloria..."...y lloró...".
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vida que sería fácil si no fuera vivida por nosotros.
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Nada, ni la atención aguda, ni el deseo de ser exacto, me impedirán escribir palabras que canten.
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la fealdad es belleza en reposo.
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El cielo de las religiones es un techo. Pone término al mundo. Por horror al infinito, las religiones nos aprisionan en un universo tan limitado como la cárcel.
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Yo le inventaba a nuestro amor los más curiosos diseños, pero sentía, bajo el telar, la mano fatal que desteje las lazadas.
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Por fín, ese último golpe, ese golpe de gracia, su cuello.
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llamo vagancia a una especie de sentimiento que me dice: no vuelvas a empezar, es inútil.
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la franqueza es la voluntad de no ocultar nada, mientras que la espontaneidad es la imposibilidad de ocultar algo.
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él no podía gozar del encanto que me producía.
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mi venganza fue más lejos que yo.
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aquella cabeza tenía la dureza de una cabeza de mármol. Hacía que se le entumecieran a uno las muñecas. Y era fría. Y no palpitaba. Ninguna falla, ninguna resquebrajadura dejaba salir una idea, una emoción. No era poroso.
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Acepta el decorado y las formas de la vida cotidiana; únicamente un detalle o dos lo transforma (un objeto que está fuera de su sitio, o que está boca abajo, o que se ve desde el interior), toma el sentido mismo de ese universo, lo simboliza, revelando que ese decorado y esas formas pertenecen al infierno.
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Huelo bien. Me ha besado.
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Sólo cuando la esperma se ha enfriado, la princesa violada por un guardia del palacio piensa en su dignidad!
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las operaciones mágicas son agotadoras. extenúan. no se pueden volver a empezar dos veces el mismo día. hay que triunfar, por lo tanto, a la primera.
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Hago mía la condena y hablo.
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pero decidió vivir diez minutos heróicos, es decir, alegres.
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Jean Genet