Monday, March 24, 2008

Cuando entró a la casa de los cuchillos, dejó caer un mirlo y lo pisó. Se volvió degenerada y obtusa. Se arremangaba la ropa. Cosa que nunca antes. Recordaba el olor podrido de los basurales. Temía el rayo del sol por la ventana. El hombre cerró las cortinas y le cedió los gritos de la casa. ¡Suban el volumen! - Gimió confundida. -¡Esta música no me aprende los pasos! Recortó su nombre y dejó que el hombre zapateara sobre los pedazos. -Si lloro es porque deseo acostumbrarme.- Un cuchillo en una mano, una tijera en la otra. Desfigurar lo que el hombre no puede resistir de ella. -Me aclararé los labios, me arrancaré los oídos, dejaré el lenguaje en un nido vacío para que nadie lo crezca. El sonríe mientras la expulsa. Así puede amarla. Con ella en desventaja.
El habló: Nunca más tendrás una naranja en tu boca. Y que bailes siempre con la pata rota.

1 comment:

dear prudence said...

que viva
(")
lo femenino