Tuesday, December 18, 2007

Cuando estoy muerta atrapo más fácilmente a los roedores. Ellos buscan que mis huesos los traspasen y los hieran sin dejar de verificar mis tajos principales. No es de alardear un puente sin cara de abismo. Cuando vivo, y mi tierra es firme, nadie salta sobre mi ni se pasea cantante como cualquier feliz. Cuando mi tierra es firme es cuando mas me temen. Corren gritando que los he traicionado. Cuentan a otros muertos la vejez de mis manos, las cicatrices que hablaba mi lengua cuando besaba sus astillas. Cuando estoy totalmente muerta me quedo quieta sobre mis retazos y me equilibran los recuerdos de las tardes amarillas. Dejo pasar las mariposas, pero si se apresura en atravesar mi espacio una culebra, no dudo en metermela en la boca. No puedo fingir mi vocación caníbal cuando las tripas existen más que ninguna otra parte de mi cuerpo. En mis senos se erigen las verdades más baldías y de mi corazón hacen banquete quienes después no recuerdan conocerme. Muerta invento los dedos que me recorren, elijo títeres de fuego para mis noches, expando mi imaginación sobre las sillas vacías de los teatros, camino a tientas buscando una piel menos áspera, menos mía, y recibo a los invitados en mi vientre.
Muerta
corro con la ventaja de un nombre ahogado y feroz.
Viva,
disipo a los que bailan.
.
Nunca nadie se jactó de ver a un vivo
pero no se dudará jamás en jactarse
de haberle hecho el amor a un muerto.